Israel Adan Shamir. El Espiritu de Santiago

Israel Adan Shamir. El Espiritu de Santiago

A new Spanish translation of Israel Shamir’s essays El Espiritu de Santiago (published in English as Our Lady of Sorrows and the Pardes, available in English on Amazon) was published now by the Spanish publisher Libreria Europa. Alas, before the book was distributed, the publisher’s premises were raided by police, the books taken away and destroyed. However, some amount of books survived the auto-da-fe, more is reprinted, and is available to readers. You can buy the book, and the previous one in Spanish, from LIBRERIA EUROPA, APARTADO DE CORREOS 34010, 08080 BARCELONA, by email libreriaeuropa@telefonica.net or Telf.: 00-34-932370009 and Fax: 00-34-934159845.

Israel Shamir will present this book in Madrid and Barcelona in beginning of May. Find the details via the publisher.

 

Israel Adán Shamir
EL ESPÍRITU DE SANTIAGO

18 de mayo de 2004

Queridos amigos, mi libro La lluvia verde de Yasúf o Los Maestros del discurso(que lleva por título en inglés Flores de Galilea y en francés La otra cara d Israel) ha dado lugar a un lanzamiento en Madrid, donde di la conferencia siguiente:

He venido de Jerusalén para la presentación de la edición española de mi libro, pero por sobre todo para felicitaros y bendeciros, por vuestra decisión de retirar vuestros soldados del bando equivocado en lo que se suele llamar Guerra de Irak, pero que sigue siendo en realidad la batalla de Palestina. Cuando yo escribía eso en la serie de artículos recogidos en este libro hace más de un año, era una opinión osada apenas compartida por muy pocas personas, mientras que la mayoría se tragaba el cuento de una guerra para la liberación de los iraquíes, para la democracia en Irak, una guerra contra el terror, una guerra para desactivar las armas de destrucción masiva de Sadam, o una guerra por el petróleo. Ha pasado un año y todas estas explicaciones se han esfumado como humareda en la noche. Ni aparecieron armas de destrucción masiva en el país saqueado; ni los presos torturados en Abu Ghraib y Guantánamo han revelado conexiones con al-Quaeda; la liberación de Irak resultó ser un brutal régimen de ocupación; lo mismo sucede con el cuento del petróleo, que al principio de la guerra estaba a veinte dólares el barril, y ahora anda por los cuarenta dólares. Las compañías petroleras que eran criticadas porque empujaban a la guerra están apoyando la retirada de Irak, y la producción de petróleo está muy por debajo de sus niveles de antes de la guerra. El 29 de abril pasado, el Guardianinformó que BP ha decidido marcharse de Irak diciendo que la compañía petrolera no tiene futuro allí.

De modo que sólo nos queda una razón para la guerra, la razón que hemos planteado hace más de un año. A veces se dice que “la guerra es por Israel”, pero esta definición no es acertada: el Estado de Israel no necesita esta guerra para su seguridad, y los israelíes no necesitan esta guerra para su bienestar. Los judíos pueden vivir en condiciones de igualdad  en Palestina como en cualquier parte; lo que pasa es que la dirigencia quiere apoderarse del agua, de la tierra y del alma ajenas. Este es el motivo por el que matan niños y arruinan las casas de los palestinos en Gaza y de los iraquíes en Faluja. Esta es la guerra por la supremacía judía librada por los adeptos yankis de este concepto, en contra del principio de igualdad de todos los habitantes en la Tierra Santa. En semejante guerra, España no tiene motivo alguno para ponerse de parte de las fuerzas de la supremacía judía, para respaldar las destrucciones masivas en Palestina y las torturas masivas en Guantánamo.

España no tenía razón alguna para pelear por el racismo judío pues vuestro continente tiene un glorioso historial antirracista a menudo distorsionado en el discurso judío moderno que se ha convertido en el discurso dominante angloamericano. Os condenan por la llamada expulsión de 1492, pero la mayoría de los judíos exiliados volvió, renunció a la tradición racista de superioridad, aceptó compartir el pan y el vino con los demás españoles –pues este es el significado de la Eucaristía– y los cristianos nuevos se convirtieron en honrados ciudadanos de España. Santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz son los resplandecientes ejemplos de esta gloria colectiva.

Por el otro lado, Inglaterra bajo Cromwell aceptó a los judíos exiliados y recibió alabanzas de los Maestros del discurso por ello, pero no mencionan la conexión de este hecho con el encierro de los comuneros ingleses, la masacre de campesinos irlandeses y escoceses, y con el genocidio masivo de los americanos nativos en sus colonias; el caso es que los regímenes que son “buenos para los judíos” raras veces son buenos para nadie más.

Los mismos Maestros del discurso vilipendian a España por su trato a los americanos nativos; sin embargo al final resultó que los españoles se casaban con las indígenas y dieron a luz las naciones modernas de América latina, mientras los colonizadores norteamericanos, que eran tan estupendos para los judíos y se consideraban a sí mismos como “judíos nuevos”, exterminaron a casi todos los indígenas y metieron a los sobrevivientes en reservas.

Y vilipendian a España por la Inquisición, mientras en los países protestantes miles de mujeres eran quemadas en la hoguera como brujas, cosa que no puede suceder en un país que veneraba a la Madre de Dios como hacéis vosotros.

Pues sí, es un error figurarse que la teología es un entretenimiento sin importancia y propio de clérigos inútiles, cuando lo único importante son las posesiones materiales. La teología es el hoyo profundo donde se asienta el basamento del palacio que edifica cada sociedad. Sin fundaciones, el palacio se derrumbará en cuanto sople un viento fuerte, ni qué decir un terremoto. Este fue el motivo del derrumbe soviético: el comunismo casi religioso no tenía basamento teológico profundo y no rebasó el temporal. En los “neojudíos” Estados Unidos, el paradigma judío ha tomado el lugar frontal de la cristiandad apostólica, y con él el Nuevo Orden Mundial con su clase media menguante, sus amplios aparatos de seguridad, el creciente desencuentro entre sectores sociales, y el empobrecimiento del espíritu. No es la primera vez que el paradigma judaico se alza en el mundo; pero semejantes sociedades invariablemente se hunden porque carecen de una ancha base social. Ahora sus adeptos han decidido asegurar su supervivencia mediante la globalización; esta es la razón de sus guerras y expansionismo, pues su proyecto no podría sobrevivir a escala más pequeña.

Dondequiera promueven a los dirigentes que aceptan su teología e ideología. Estos dirigentes pueden pertenecer a la derecha como vuestro Aznar, o a la izquierda como Tony Blair en Inglaterra, pero invariablemente respaldan la idea judaica de superioridad y están dispuestos a enviar a sus paisanos a pelear por esta en tierras lejanas. Tal vez sean buenos para los judíos, pero son malos para los demás. En realidad, la lucha entre izquierda y derecha hoy día se ha vuelto obsoleta frente a la nueva dicotomía, y aquí en este salón veo gente cuyos padres se entraron a tiros en Huesca y Tarragona en la Guerra Civil de 1936. En aquellos tiempos mi tío peleaba en las Brigadas internacionales, mientras tal vez tu padre peleaba en las tropas de Franco, pero ahora estamos aquí unidos para que triunfen el espíritu, la tradición y la  igualdad en contra de los que defienden una supremacía carente de espíritu y de raíces.

Las guerras antiguas pertenecen al pasado. Vosotros habéis combatido a los moros, pero ahora España tiene amistad con Marruecos; habéis luchado contra Napoleón, pero ahora sois amigos y aliados de Francia. De manera semejante, la guerra entre derecha e izquierda pertenece al pasado, como la guerra entre carlistas e isabelinos, entre York y Lancaster, unionistas y confederados. Las tendencias de derecha e izquierda no desaparecen, porque ambas son necesarias en cada sociedad como los dos brazos y las dos piernas le hacen falta al ser humano. La derecha asegura la continuidad de la tradición y la preservación de las raíces; la izquierda promueve la igualdad y la capacidad de reformar. Esta rivalidad al estilo del yin y el yang es la que permite que funcione la sociedad; en cambio la victoria uno de los dos paradigmas descarrila cualquier sociedad.

La trágica y destructora confrontación de izquierda y derecha alcanzó su punto más agudo en vuestra Guerra Civil y en la Segunda Guerra mundial, donde los dos grandes movimientos de oposición a la burguesía, los “discípulos izquierdistas y derechistas de Hegel” vertían su sangre ad majorem US gloriam, para mayor gloria de los neojudaicos Estados Unidos, vencedores últimos de la guerra. Llegué a comprenderlo en la Rusia de 1990, cuando los neoliberales proamericanos empezaron a llamar a los veteranos de Stalingrado, los patriotas de Rusia, “rojipardos”, pretendiendo que no hay diferencia entre comunismo y nacionalsocialismo.

Hoy en día tenemos una seudoizquierda y una seudoderecha, pues no hay diferencia alguna entre Thatcher y Blair, o Bush y Kerry : ambos respaldan igualmente a Israel en su marcha hacia la supremacía. En España y Francia, los órganos de prensa de izquierda y derecha se unieron en la condena de la Pasión de Cristo de Mel Gibson por “ofensiva para los judíos”. De modo que, en vez de izquierda y derecha, tenemos una nueva dicotomía, que se define por la actitud frente a la supremacía judía. Hoy los Estados Unidos combaten a los musulmanes por Israel, pero Huntington, el teórico que mueve a la guerra, ya está llamando a reprimir a los latinos en los Estados Unidos, porque no son lo suficientemente devotos de la causa judía.

Podéis calibrar a vuestros dirigentes por su actitud hacia los campesinos palestinos. Si prefieren codearse con Sharon, serán igualmente malvados con vosotros. Y todos ellos se tendrán que ir, como le tocó a Aznar irse, porque la gente entendió las razones de la guerra. Sólo puede haber una solución en la tierra Santa, y conllevará la paz para el mundo, y es la de la igualdad plena entre judíos y no judíos en toda la extensión de Palestina, y la deconstrucción del Estado supremacista judío, o sea su conversión en verdadera democracia para todos. Esto lo advertía al final de su vida Edward Said, y ahora lo viene preconizando Mustafa Barghouthi, el dirigente palestino más popular. Cada vez hay más israelíes también que llegan a la conclusión de que no hay otra manera de parar a las excavadoras.

España tiene un papel importante por cumplir, pues España está íntimamente vinculada con la tierra de Cristo y de san Jaime, vuestro santo  predilecto, al que llamáis Santiago. Este pescador palestino fue  degollado por orden del predecesor de Sharon, el rey Herodes Antipas, y sus discípulos se llevaron a vuestras costas su cabeza para enterrarla en Santiago de Compostela, pero su corazón permaneció sepultado en Jerusalén, y se edificó la catedral de San Jaime encima de su sepulcro igualmente venerado por palestinos cristianos y musulmanes, pues en nuestra tierra cristianos y musulmanes viven juntos en grandísima paz y armonía, compartiendo los mismos lugares para venerar y, ­lo que no es menos importante, los mismos enemigos. Sus enemigos no son “los judíos”, pues los judíos pueden vivir en paz con españoles y palestinos, sino el espíritu de la supremacía judía que debe ser derrocado y será derrocado.

 


Dear friends,

My book, The Green Rain of Yasuf or Masters of Discourse (called The Flowers of Galilee in English and The Other Face of Israel in French) was launched now in Spain, and at its presentation in Madrid I gave the following talk:

THE SPIRIT OF SANTIAGO

I came from Jerusalem ostensibly to launch my book in Spanish translation; but even more so to congratulate and bless you for your decision to pull your soldiers away from the wrong side in what is called the Iraqi War, but what is actually the battle for Palestine. When I wrote so in the series of articles presented in this book over a year ago, it was a wild opinion shared by a selected few; while majority was fed by stories of a war for liberation of Iraqis, a war for democracy in Iraq, a war to terror, a war to stop Saddam’s WMD, or a war for oil. A year passed and all these explanations vanished like smoke in the night. No WMD were found in devastated Iraq; no connections to al-Qaeda were revealed by tortured prisoners of Abu Ghraib and Guantanamo; liberation of Iraq turned out to be the brutal occupation regime; as for oil, at the beginning of the war, oil price stood at 20 dollar a barrel, while now it is about 40 dollars. The oil companies that were blamed for pushing for the war, are pulling out of Iraq, and oil production is well below its pre-war levels. On 29th of April, 2004, the Guardian reported that BP decided to leave Iraq saying that the oil company has no future there.

It leaves us exactly with one reason for war, the reason we stated over a year ago. Sometimes it is called ‘the war for Israel’, but this definition misses the point: the state of Israel does not need this war for its safety; Israelis do not need this war for their well-being. The Jews can live as equals in Palestine or elsewhere; but they want to dominate water, land and souls of the others. For this reason they kill children and ruin homes of Palestinians in Gaza and Iraqis in Faluja. This is the war for Jewish supremacy waged by the US adepts of this concept, against the principle of equality of all dwellers in the Holy Land. In such a war, Spain has no reason to side with the forces of Jewish supremacy, to provide cover for mass destructions in Palestine and for mass tortures in Guantanamo.

Spain had no reason to fight for Jewish racism as your country has a glorious anti-racist record often distorted in modern Jewish narrative which became the dominant Anglo-American discourse. You are blamed for so-called Expulsion of 1492. But majority of exiled Jews came back, gave up their racist tradition of superiority, agreed to share bread and wine with other Spaniards – for that is the meaning of Eucharist - and became honourable citizens of Spain. S Teresa of Avila and S Juan de la Cruz are the shining examples of their glory.

On the other hand, England under Cromwell accepted the exiled Jews and received kudos from the Masters of Discourse for this deed. They do not speak of its connection with fencing out the English commoners, with massacre of Irish peasants and Scots, and with massive genocide of Native Americans in their colonies, but the regimes that are ‘good for Jews’ are rarely good for anybody else.

The same Masters of Discourse vilify Spain for its treatment of Native Americans. But in the end, Spaniards married natives and brought forward the modern nations of Latin America, while the North American colonists, who were very good to Jews and considered themselves ‘new Jews’, killed off almost all natives and transferred the remainder into reservations.

They vilify Spain for your inquisition, but in the Protestant countries thousands of women were burned on stake as witches – something that can’t happen in a country that venerated Mother of God as you do.

Indeed it is a mistake to think that theology is an irrelevant occupation of useless clerics, while only material possessions matter. Theology is the deep foundation courses on which the palace of a society is built. Without foundations, the palace will collapse at a blow of a strong wind, let alone earthquake. It was the reason of Soviet collapse: quasi-religious communism had no strong theological foundation and did not survive. In the ‘neo-Jewish’ US, the Judaic paradigm came forth in place of apostolic Christianity, and with it the New World Order of dwindling middle class, vast security apparatus, growing social gap and impoverishment of spirit. It is not the first time the Judaic paradigm rises in the world; but such societies invariably collapse for they lack broad social base. Now its adepts decided to ensure its survival by making it globe-wide; this is the reason of wars and expansion, for their design would not survive on any smaller scale.

Everywhere they promote leaders who accept their theology and ideology. Such leaders can belong to the Right like your Aznar, or to the Left like Tony Blair in Britain, but they invariably support the Judaic idea of superiority and are ready to send their countrymen to fight for it in far-away lands. Maybe they are good for Jews, but they are bad for the rest. Indeed, now the struggle of Left and Right became obsolete in face of the new dichotomy, and here in this room I see people whose fathers exchanged fire at Hueska and Tarragona in the 1936-1939 war. My uncle fought in the International Brigade for the Republic, while maybe your father fought on the side of Franco, but now we stand united for spirit, tradition and equality against supporters of spirit-less and rootless supremacy.

The old wars remain in the past. You fought the Moors, but now Spain is a good friend to Morocco. You fought Napoleon, but now you are friends and allies with France. In a similar way, the war of Left and Right belongs to the past, like war of Carlistas and Isabellinas, of York and Lancaster, of Union and Confederacy. The Right and Left tendencies do not disappear, for both are needed for society like two arms and two legs for a man. The Right ensures continuity of tradition and preservation of the roots; the Left promotes equality and ability to reform. Their Ying-Yang struggle makes society work; while total victory of one of the two paradigms derails society.

The tragic and destructive confrontation of Left and Right reached its peak in your Civil War and at the World War Two, where the two great anti-bourgeois movements, ‘left and right disciples of Hegel’ shed their blood ad majoram US gloriam, to the greater glory of the neo-Judaic US, the ultimate winner of war. I came to this understanding in Russia of 1990, when the pro-American neo-liberals called the veterans of Stalingrad, the patriots of Russia, - ‘red-brown’, claiming there is no difference between Communism and National Socialism.

Nowadays we have pseudo-Left and pseudo-Right, for there is no difference between Thatcher and Blair, Bush and Kerry – both equally support Israel in its drive for supremacy. In Spain and France, the left and the right-wing newspapers were united in their condemnation of the Passion of Christ by Mel Gibson as ‘offensive to Jews’. Thus, instead of Left and Right, we have a new dichotomy, a new split, by attitude to Judaic supremacy. Today the US fights the Muslims for Israel, but Huntington, the leading theorist of the war, already calls to contain the Hispanics in the US, as they are not sufficiently devoted to the Jewish cause. 

You can gauge your leaders by their attitude to the plight of Palestinian peasants. If they prefer to hobnob with Sharon, they will be bad to you, as well. All of them will go, as Aznar went, for the people understood the reasons for the war. There can be only one solution in the Holy Land that will bring peace to the world – that of full equality of Jews and non-Jews in the whole of Palestine, of deconstruction of the supremacist Jewish state and its conversion into a true democracy for all. It was called for by late Edward Said, and now by Mustafa Barghouthi, the most popular Palestinian leader. More and more Israelis also reach the conclusion that there is no other way to stop the bulldozers.

Spain has an important role to play, for Spain is inherently connected with the Land of Christ and St James, your favourite saint whom you call Santiago. This Palestinian fisherman was beheaded by orders of Sharon’s predecessor, King Herod Antipas, and his head was taken by his disciples to your shores to be interned in Santiago de Compostella, but his heart remained buried in Jerusalem, and Cathedral of St James rose above his tomb equally venerated by Palestinian Christians and Muslims, for in our land Christians and Muslims live together in great peace and harmony sharing same places of veneration and – no less important – same enemy. Their enemy is not ‘the Jew’, for Jews can live peacefully with Spaniards and Palestinians, but the spirit of Judaic supremacy which has to be defeated and it will be defeated.